La publicación la semana pasada de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha provocado una profunda crisis de confianza en las capitales europeas. La Casa Blanca acusa a la Unión Europea de minar la libertad política y la soberanía, restringir la libertad de expresión y reprimir a la oposición política. Además, el documento critica las políticas migratorias e insinúa que la civilización europea está en peligro de desaparecer, mientras que el gobierno de Trump se presenta como un impulsor de la resistencia frente a esta tendencia. El hecho de que Rusia no se mencione expresamente como una amenaza ha generado aún más interrogantes en Europa, aunque en Moscú se ha recibido con satisfacción.
El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, denunció desde Bruselas la injerencia estadounidense en los asuntos internos de Europa, calificándola de inaceptable. Costa subrayó que la UE no permitirá que Estados Unidos tome decisiones en nombre de sus ciudadanos ni que imponga su visión sobre la libertad de expresión. Paralelamente, en Alemania, el gobierno dirigido por Friedrich Merz rechazó de plano las acusaciones contenidas en el documento y el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, recordó que Alemania sigue siendo un firme aliado de la OTAN. Desde el ejecutivo alemán se reiteró que la libertad política y la de expresión son valores fundamentales de la Unión Europea, señalando su desacuerdo con ciertas partes del análisis estadounidense y reafirmando que Rusia sigue siendo la principal amenaza.
El debate en torno a la estrategia estadounidense no solo ha desatado críticas entre los partidos en el poder en Alemania, sino también entre la oposición. Políticos de la CDU y el SPD rechazaron los intentos de la administración Trump de interferir en los asuntos internos europeos, mientras que Los Verdes catalogaron la nueva estrategia como un acto de chantaje. Por el contrario, el partido de extrema derecha AfD expresó su apoyo a la postura de Washington. Antonio Costa reiteró la necesidad de actuar como aliados si verdaderamente se consideran tales y remarcó que Europa debe asumir una mayor responsabilidad respecto a su propia seguridad.

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