Aumentan las dificultades para los bomberos neerlandeses al combatir incendios de vehículos eléctricos

En los últimos años, el uso de vehículos eléctricos ha crecido notablemente en Holanda, lo que ha traído consigo un aumento en los incendios relacionados con estos automóviles y nuevos retos para los equipos de bomberos. Recientes incidentes, como la evacuación de un supermercado en Enschede tras el incendio de un coche eléctrico en el aparcamiento y el grave siniestro a bordo del buque Morning Midas en el Pacífico, han puesto en evidencia los riesgos y la dificultad de controlar estos fuegos en comparación con los de los vehículos tradicionales.

El principal problema radica en las baterías, que se encuentran en el fondo del vehículo y están formadas por numerosas celdas compactas. Una vez que inicia el fuego en una de ellas, puede propagarse rápidamente a las demás y el vehículo permanece ardiendo durante horas, con el riesgo añadido de reiniciar la combustión tras un aparente apagado. Además, el humo que desprenden estas baterías es tóxico, extremadamente inflamable y puede ocasionar explosiones, lo que agrava la situación para los equipos de extinción.

Según el Instituto Holandés de Seguridad Pública (NIPV), los casos de incendios relacionados con vehículos eléctricos han crecido un 10% en 2024 respecto al año anterior, y la mayoría de ellos se deben a fallos eléctricos o actos vandálicos más que a defectos espontáneos de la batería. Frente a este aumento y las dificultades para eliminar estos fuegos, se están experimentando nuevas técnicas, como la introducción de agua a alta presión directamente en el paquete de baterías, aunque los expertos subrayan la necesidad de reforzar las medidas de seguridad y adaptar los aparcamientos a la nueva realidad, descartando en parte la prohibición general de estos vehículos en parkings subterráneos.

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